
Ya no recibo el rayo prismal por las mañanas, tengo los pies fríos, suda mi frente, sudan mis manos, tirita mi cuerpo, acaso estoy enferma de hastío o ya se viene el frente de ausencias y silencio, el escozor en mi espalda por el acné que invade ya varios meses, me debilita el seso, es por tanto pensar, es por tanto memorizar y después no recordar nada, eso quisiera yo… no recordar nada… está bien… dejaré este día para vivirlo mañana…
Aroma a canela y jazmín invaden mi cocina, otra vez mi vecino y sus inciensos para disimular la marihuana encendida y utilizo el cuchillo cocinero, corto pimiento, zanahoria, perejil y los infaltables ajos, segura a no equivocarme de cortar mis delgadas venas que irrigan mis alas, ésas curtidas de pinchazos melancólicos… fatal… creo que saldré a buscar palabras en la basura, palabras olvidadas en un mesón, en el fondo de un cenicero no pulido o en el ácido borde de un día con más de veinticuatro horas y me esmero con sumo cuidado de no dejar huellas sobre las huellas de otros…
Y se duerme la tristeza y se desmaya la nostalgia, se aquieta la angustia y mis pensamientos transitan por calles desiertas de color y aromas, hoy desperté con un cinco de abril y una silla vacía, sueño bruto tratando de delinear su mirada, hasta en ellos se escapa, se difumina como un hechizo de la Llorona… y espanta el sueño la dulce mirada de Catalina, cada mañana con su pijama bajo el brazo, besos mamilla, besos princesa caprichosa!!!
