
El asunto es que en la Isla de Svalbard, Noruega se disponen los últimos detalles de la llamada Bóveda del Fin del Mundo, será el refugio de los vegetales del planeta, 1.500 millones de semillas de cultivos alimenticios, con el fin de preservar especies fundamentales para dar de comer a la humanidad, no es un banco de genes es un banco de duplicados de semillas de todo el mundo, de esta forma si ocurriera un cataclismo planetario los supervivientes tratarían de recuperar el modo de vida perdido y las semillas que pueden alcanzar hasta 10.000 años serían nuestra fuerza alimenticia.


La bóveda de Vicuña está construida por una construcción de hormigón armado y antisísmico, se pueden guardar cincuenta mil muestras, actualmente se ocupa el 10% de su capacidad, el único posible conflicto para el centro hoy es la poca autonomía energética, pues este centro a diferencia del de Svalbard depende de la electricidad o algún combustible alternativo adicional para mantener el frío, de igual forma se estudia la posibilidad de instalar un sistema eléctrico con paneles solares que le darán mayor

Nuestro dejado de lado hoy en día “poroto pallar” está entre las semillas que están poblando lo que llaman “El arca de Noé” en Noruega, también se planea enviar papas chilotas y maíces andinos, este será nuestro aporte, porque igual no es llegar y pedir a un país que te pase unas semillitas, porque hay un tema comercial, económico y patrimonial de por medio, además primero está en ayudar y apoyar los esfuerzos locales o nacionales.
Existen actualmente cien países que han impulsado sus propias iniciativas China, Rusia, Japón, India, Corea del Sur, Alemania, Canadá y Gran Bretaña, Argentina, Perú, etc.
Ojalá que esta iniciativa que data del año 1983 inicie ya sus actividades en marzo del 2008 convirtiéndose en el primer depósito planetario de genes alimentarios, me pregunto y si esto se hiciera con los animales?
